Sobrevivir a los días de mierda

Te entiendo. Todos tenemos días de mierda. Días en los que lo tirarías todo por la borda. Incluso semanas, temporadas enteras, en las que estás del todo desmotivada, abatida, apática. Tienes síntomas de tristeza y desesperación. Te sientes frustrada y decepcionada con la vida y contigo misma. Parece que por más que te esfuerzas, todo te sale mal. Que nada te funciona. Es como si al resto del mundo todo le fueran bien, menos a ti, que eres una pringada… Tienes ganas de tirar la toalla, porque ya no tienes fuerzas ni para seguir luchando.

Has tocado fondo.

Si te sirve de consuelo, no eres la única persona en el planeta que ha experimentado estos síntomas. Te lo digo por propia experiencia y porque cada día trabajo con personas que se sienten así. La buena noticia es que salir de esto es posible. Te lo puedo asegurar.

 

Recuerda que, ante a esta situación, tienes tres opciones:

 1) seguir culpándote, machacándote y criticándote por ser así de pringada. Que sepas que esta opción sólo te servirá para castigarte una vez más y mantenerte en el inmovilismo, sin poder acabar con esta vida de mierda.

2)seguir pidiéndole una y otra vez a Dios o al Universo que te ayude, que te mande una señal, o que te envíe a alguien para salvarte de tu situación. Esta opción puede funcionar, pero ¿hasta cuándo vas a esperar? ¿y si esa respuesta no llega a tiempo? ¿cuánto más quieres seguir sufriendo?

3)por eso te propongo una tercera salida más proactiva: dejar de esperar a que llegue Superman para salvarte de esta situación.  Sé tu propia salvadora.

 

 

¿Cómo salvarme a mi misma de mi situación desesperada?

Lo primero que quiero que hagas es que dejes de creer que eres un bicho raro. Te aseguro que no lo eres. Como te decía, quizá te sirva de consuelo o no, pero son muchas las personas que hemos pasado por estas malas rachas y nos hemos sentido distintos al resto del mundo. Quizá creas que tú verdaderamente sí eres distinta, que “no eres normal”. Bueno, pues te daré la razón: no eres normal. ¿Sabes por qué? Porque todos somos diferentes y únicos. Y adivina qué: ser diferente no significa ser mejor ni peor. Es simplemente eso, ser diferente, única.

Segundo, quiero que dejes de sentirte culpable por pensar que tu vida es un desastre. Sí, a veces la vida es una mierda, ¿y qué? ¿Por qué no puedes pensarlo? La vida te ha jugado malas pasadas, lo estás sufriendo en tu propia piel… Incluso puede ser que, efectivamente, las cosas no te hayan salido bien porque tú misma te lo has buscado, porque no tomaste las mejores decisiones… Aún así, ¿qué sentido tiene que sigas recriminándotelo un día tras otro? Recuerda, eso nos coloca en la opción 1) el inmovilismo, la culpa y el autocastigo, pero no te permitirá avanzar ni mejorar. Así que hazme caso: deja de juzgarte, de culparte y de criticarte.

 

 

Tercero, vas a tomar las riendas de tu vida. Vas a dejar de poner el foco en los demás, para centrarte en ti misma. Vas a mimarte y a quererte como a nadie has querido en este mundo. Vas a convertirte en tu propio tesoro y vas a luchar por él, a capa y espada.

Si sientes que otros te deslumbran porque brillan más que tú, probablemente sea sólo porque saben lucir más su propio tesoro, lo que no significa que sea mejor que el tuyo (recuerda, tú tan sólo eres diferente, no peor…). Ante estas situaciones, no te escondas ni te vengas abajo, no te creas inferior ni ridícula. Aprovecha ese momento para sacar a relucir tu también tu propio tesoro más que nunca, sintiéndote orgullosa y satisfecha de quién eres. Lúcete, eres extraordinaria.

Y cuarto, no vas a tener miedo de pedir ayuda. Busca a alguien que verdaderamente te pueda ayudar, con quién te sientas cómoda para expresarle tus sentimientos, tus penas y temores. Alguien en quién puedas confiar y con quién no te sientas juzgada.

 

 

Cuando encuentres a esta persona, tendrás que poner de tu parte. Tendrás que esforzarte para abrir tu mente, escuchar sus consejos, darte el tiempo para cambiar poco a poco el chip y, así, poder salvarte.

¿Te parece esto posible? Créeme, lo es.

 

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Anna Llebaria

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