Tres pasos para vencer tu frustración

Debo estar haciendo algo mal para que las cosas no me salgan nunca bien. Cuanto más me esfuerzo y más energía pongo en conseguir mis objetivos, más me frustro cuando vuelvo a fallar. Hay algo en mí que no encaja, cometo el mismo error una y otra vez.

Quizá te sientes identificado con alguna de estas sensaciones. Muchas personas pueden llegar a obsesionarse tanto con un objetivo que lo persiguen a toda costa, con todas sus fuerzas y, aun así, parece que el Universo se esté ensañando contra ellos y entran en un bucle de fracasos uno detrás de otro.

Cada vez que fallas, sumas otra decepción que va menguando cada vez más tu autoestima y tus esperanzas, llevándote muchos momentos a la desesperación y a querer tirar la toalla.

 

¿Quieres pasar otra noche llorando desesperado por no conseguir lo que quieres? ¿Cuál es tu problema? ¿Qué es lo que estás haciendo mal?

Probablemente la respuesta esté en tus expectativas.

En tu mente llevas muchos años diseñándote la vida perfecta para ti. Te has imaginado tu vida ideal: tu trabajo, tu familia, tus amigos, tu economía…

El problema aparece cuando la realidad no se ajusta a esta idea que has construido en tu cabeza. Entonces aparece la decepción, el enfado, la frustración y la lucha.

Estás enfadado porque la vida no te ha llevado por donde tú habías imaginado y las cosas no te han salido como pensabas. Con la edad que tienes y aún no has conseguido ese trabajo. A estas alturas y aún no has formado esa familia.

Estás enfadado contigo mismo y no dejas de recriminarte que has decepcionado al niño que soñaba con llegar lejos profesionalmente, con estar felizmente casado con hijos, o con cualquiera que fuera tu sueño de pequeño.

Y entonces luchas. Luchas contra tu propia vida, porque no la quieres aceptar. Y esa lucha te lleva a la tristeza, insatisfacción y al agotamiento que hace tiempo que sientes y que no sabes cómo deshacerte.

¿Estás dispuesto a poner remedio y a frenar esta etapa de tu vida que ya va durando demasiado?

 

Aquí te dejo tres pasos para que tus piezas empiecen a encajar:

Paso 1: Acepta

¿Qué te parece si empiezas por aceptar la forma en la que han ido las cosas?

Hazle un favor a ese niño que eras de pequeño y explícale que las cosas no siempre salen como uno desea, que la vida no es una película de Hollywood. Explícale que has crecido y que estás acumulando diferentes experiencias y aprendizajes vitales que te están haciendo madurar y crecer como ser humano.

Aceptar significa no preguntarte más Por qué. Por qué tiene que pasarme esto a mí, por qué no me salen bien las cosas, por qué después de tanto esfuerzo no obtengo recompensa…

Cuantos más por qués te preguntes, más te adentras en el bucle de la negatividad, más incrementa tu agotamiento y tu frustración y más te alejas de tu objetivo.

 

Paso 2: Deja de hacer

Deja de hacer lo que estás haciendo, pero no para actuar de otra forma distinta, si no simplemente para parar por un momento.

Deja de hacer para no hacer nada. Para observar. Para que la neblina que te confunde se difumine te deje ver con claridad.

No tengas miedo a la pasividad. No tengas prisa por conseguir lo que tanto ansías.

Estudios demuestran que es tan importante la actitud de cómo hacemos las cosas que el acto en sí mismo. Parar te permitirá relajarte para ver las cosas con más tranquilidad y calma.

Si te mantienes en el pesimismo, en la frustración y en el miedo, te cargarás de energía negativa y de inseguridades. Tu mente se cerrará, te mostrarás menos flexible y menos creativo. Ello pondrá todavía más obstáculos a la hora de conseguir lo que buscas.

Si por el contrario te muestras despreocupado, sin tensión y sin prisas, serás capaz de transmitir la seguridad que necesitas. Te cargarás de energía positiva, y la alegría y confianza en ti mismo te acercarán a conseguir lo que buscas.

 

Paso 3: Valórate

Si hasta ahora has tratado de crecer profesionalmente y con tu esfuerzo y tu honestidad no te ha funcionado, no quieras adoptar un nuevo un rol de tiburón, no quieras ir a pisar a los demás sólo porque a otras personas les ha funcionado. ¡Tú no eres así!

Si has tratado de encontrar a tu media naranja y sientes que tienes que empezar a comportarte como si no te importara, quieres ir de pasota, a partir de ahora irás de durito y dejarás de entregarte… Entonces estarás renunciando a tus valores.

Hay muchos hombres y mujeres esperando a una persona como tú, entregada, cariñosa y fiel.

No intentes ser la persona que no eres. No te avergüences de quién eres, no renuncies a tus valores. Eso te hacen ser único y especial. Y eso es lo que te permitirá diferenciarte del resto cuando llegue el día.

 

Empieza a poner en práctica estos tres sencillos pasos. Cambia tu actitud por la calma y la serenidad, acepta la realidad y dejar de luchar contra ella, valórate y deja de ser quien no eres y sólo así conseguirás tus objetivos.

Anna Llebaria

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