Un fin de año diferente: mi última excentricidad

Apenas estoy recuperada de la resaca de Noche Vieja y ya han pasado tres días de este nuevo año… En mi anterior post, te animé a aprovechar los últimos tres días del 2017 para hacer aquella excentricidad que tenías pendiente y terminaras el año por todo lo alto, haciendo aquello que te apeteciera por una vez en la vida…

¿Te atreviste? ¿Llamaste a esa persona? ¿Te cortaste el pelo como jamás lo habías hecho? ¿Cogiste ese vuelo?

Algunos de vosotros me escribisteis contándome cuál había sido vuestra última excentricidad. Tengo que decir que ¡me sorprendisteis mucho! Hubo una historia que me llegó en particular. Si la protagonista me da permiso, os contaré su historia en otro post.

En mi caso, la última excentricidad fue la forma en cómo celebré mi Noche Vieja. Hasta este momento, siempre había celebrado el fin de año con familia y amigos en casa. Sin embargo, esta vez me apetecía aventurarme y hacer algo totalmente distinto a lo que estaba acostumbrada y, aunque para muchos no fuera tan loco, sí lo fue para mí.

Mi última excentricidad perseguía un claro objetivo: terminar el año y arrancar el nuevo con una experiencia totalmente distinta a mis 32 fines de año vividos con anterioridad.

Para ello, a mi marido y a mí se nos ocurrieron dos cosas:

  1. Despertar en un lugar distinto:

Nuestra idea inicial era pasar el fin de año en una ciudad diferente, en otro país, rodeados de un ambiente totalmente ajeno al de costumbre. Pero después del viaje de novios que tuvimos la oportunidad de vivir en este 2017, ya habíamos cumplido con el cupo de viajes que podíamos permitirnos, por lo que decidimos hacer de turistas en nuestra propia ciudad.

Así que reservamos una habitación de un hotel en el centro de Barcelona. En la maleta sólo llevábamos un recambio de ropa un tanto elegante para despedirnos del año y, obviamente, ropa interior roja para tentar a la buena suerte… nada más.

 

  1. Improvisar:

Después de estar toda la tarde del día 31 paseando por las calles de Barcelona, a las 20h subimos a la habitación para cambiarnos. Sobre las 21h decidimos salir a buscar de forma improvisada un lugar donde cenar. No tuvimos demasiada opción para elegir, ya que los pocos restaurantes abiertos esa noche, estaban repletos de turistas que, como nosotros, improvisaban su última cena del año.

Acabamos picando algo ligero en un lugar de tapas, abarrotado de extranjeros que querían hacerse hueco en la barra para cenar a la española. Fue una cena simple, para nada sibarítica, y lo más extraño fue que, a pesar de estar rodeados de desconocidos, a todos nos unía el inconfundible entusiasmo de la última noche del año.

El momento uvas fue muy curioso. Por la tarde habíamos comprado M&M’s para tomarlos en lugar de las doce uvas (puestos a ser excéntricos…); pero al entrar al hotel, a tan sólo media hora de la medianoche, nos obsequiaron con una bolsita de uvas para cada uno, que nos tomamos mano a mano en nuestra habitación, solos mi marido y yo.

Bailamos en la habitación al son de los fuegos artificiales que lanzaban calle abajo. Brindamos por el año nuevo. Revivimos algunos momentos de nuestros años juntos. Nos dedicamos los mejores deseos para el 2018, y de madrugada caímos rendidos bajo una luna espectacular que esa noche brillaba con luz especial.

 

No sabría deciros si esta forma de celebrar el año ha sido mejor o peor que las anteriores, pero sí puedo deciros que para nosotros ha sido diferente, excéntrico, y eso es lo que buscábamos.

Empiezo el 2018 deseosa de acumular nuevas experiencias que me sigan haciendo vibrar y sentirme viva, y me siento feliz de haberme atrevido a empezar el año con una de ellas.

Fuera cual fuera tu excentricidad, estoy segura de que te sirvió para empoderarte de ti mismo y de darte cuenta de que eres capaz de hacer lo que te propongas. ¡Y eso que sólo acabas de empezar el año!

Espero poder seguir compartiendo historias contigo en este 2018, ¡nos vemos por aquí!

Anna Llebaria

Comments:

  • Montse

    enero 3, 2018 at 7:10 pm

    Me ha parecido una idea genial, Ana. Y una demostración de que no hacen falta grandes medios para salirnos de lo cotidiano.
    ¡Brindo por tu valentía y por que en el 2018 vayamos todos a más y mejor!
    Un beso.

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