Adiós, redes

En los dos últimos años mi vida ha cambiado, y con ella también lo ha hecho mi relación con las redes sociales, lo que a día de hoy me ha llevado a tomar la decisión de prescindir de Instagram, Facebook y Youtube como herramientas auxiliares al desarrollo de mi profesión como Coach.

En octubre de 2015 subí mi primera publicación en mi cuenta profesional de Facebook e Instagram @anna.llebaria, cuenta que creé para darme a conocer como Coach Certificada y para compartir con el mundo consejos sobre salud y bienestar, así como divulgar herramientas propias del Coaching con el fin de ayudar a las personas a mejorar su calidad de vida.

 

Sin embargo, en 2019, con la revolucionaria llegada de mis gemelas al mundo, me vi obligada a tirar del freno de mano: desde el primer momento, las gemelas quisieron demostrar que iban a ser unas auténticas GUERRERAS, así que pasaron su primer mes y medio de vida ingresadas por una sepsis generalizada (segunda causa de muerte en recién nacidos).

Durante todo ese tiempo de lucha por la vida, obviamente me olvidé del mundo y viví por y para esas dos renacuajas tan pequeñas, y a la vez tan valientes y luchadoras llamadas Olivia y Adriana; el mejor regalo que el Universo ha podido hacerme en esta vida.

Ya lo dicen, la m(p)aternidad te cambia la vida. Sin embargo, os puedo asegurar que cuando la MATERNIDAD/PATERNIDAD deja de significar “crear vida” y en tu mente pasa a significar “enfermedad” “supervivencia” e incluso “muerte”, entonces, de verdad, que tu vida da un giro de 180 grados.

 

Mi experiencia con la maternidad induce, pues, al principal motivo de mi adiós a las redes. Mi visión de la vida, mis prioridades y, consecuentemente, la gestión de mi tiempo, han dado un vuelco. Pienso que el tiempo que estamos vivos vale demasiado como para consagrarlo a las redes sociales.

 

En este sentido, me percaté de que el tiempo que asignaba a divulgar en redes, era tiempo perdido para dedicar a personas que, mirándome a los ojos directamente, tenían la valentía de pedirme ayuda, contarme sus debilidades e inquietudes, y que estaban dispuestas a recorrer juntos, cogidos de mi mano, el camino del desarrollo de su potencial.

Mantener una cuenta de empresa requiere tiempo y dedicación para escribir post de calidad, con sentido y que realmente ayuden a quienes lo lean. Me dije: Anna, o divulgas en las redes, o particularizas con el cliente.  Y mi decisión es clara: quiero poner el foco de mi energía al servicio de personas y empresas, de verdad.

 

El segundo de los motivos de mi renuncia viene de la contradicción entre mi misión y los efectos de estas redes en ellos. Aunque veces podamos toparnos con cuentas que aportan mensajes positivos, motivadores y consejos útiles, no dejamos de correr el riesgo de entrar en el bucle infinito del scrolling, donde se pasan los minutos y las horas sin apenas darnos cuenta.

 

Mi experiencia, así como numerosos estudios, me han demostrado que la mayoría de las personas, sobretodo los adolescentes, salen peor de como han entrado en las redes sociales, las cuales promueven las comparaciones, así como a infravalorar lo que uno posee y lo que uno es. Y aunque sepamos que todo lo que vemos en las redes no es del todo real -vidas y cuerpos aparentemente perfectos- termina siendo una potencial amenaza contra nuestra autoestima y equilibrio emocional. Además, su uso inadecuado y nuestra exposición en exceso llegan a ocasionar ansiedad, estrés e incluso adicción.

En el momento en el que me encontré sugiriendo a mis clientes que redujeran, e incluso evitaran, el uso de las redes sociales lo vi claro: no tenía sentido publicar mi contenido en ellas. Sentía que era incoherente usar las redes como herramienta para fomentar el bienestar, la gestión del estrés y la salud emocional; algo que precisamente ponen en riesgo las redes sociales.

 

Esto no significa que piense que las redes sociales son “malas”, siempre que se haga un uso adecuado de ellas. Personalmente, voy a seguir usando Instagram, aunque a mi manera. Al día, dedico menos de cinco minutos a Instagram, los cuales me sirven para mantener cierto contacto con familia y amigos, de quienes realmente me apetece saber.

Y es que no sé a ti, pero a mí, cada vez me da más pereza contemplar lo que cuelgan los demás en las redes. Prefiero mil veces más conversar con mi marido, jugar con mis hijas, salir a caminar bajo el sol de invierno, o evadirme entre las páginas de un buen libro (entre muchísimas otras cosas), que curiosear vidas ajenas.

Piensa que cuanto más tiempo destinas a navegar en las redes sociales, menos tiempo brindas a las personas que quieres, o a ti mismo. Abstente de seguir cuentas que denotes que no te hacen bien y, ante determinadas publicaciones, recuerda que no es oro todo lo que reluce.

 

Podéis contactarme en www.alcoachingpersonal.com y en LinkedIn

Anna Llebaria

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