MADRES CULPABLES

“No dedicar el tiempo y la atención suficiente a jugar con mi hijo; darle respuestas poco correctas cuando llego estresada del trabajo; dedicarle más tiempo a la hija mayor porque tiene celos del hermano pequeño; dejarle llorando en la guardería; haberle gritado cuando perdí la paciencia; por aquél día que se me cayó de la cuna por un despiste; por haberme fumado tres cigarrillos al día durante el embarazo; por las consecuencias que puedan causarle ser madre divorciada”.

Estos son sólo unos pocos MOTIVOS por los que las mamás cargamos con un enorme sentimiento de culpa. La semana pasada os lancé la pregunta a través de mi IG Stories y recibí un montón de mensajes vuestros con largos listados de cosas que os hacen sentir MADRES CULPABLES.

Unas veces sentimos culpa por sucesos puntuales que se nos quedan gravados y aún nos duelen al recordarlos, por más tiempo que pase. Otras veces la culpa viene de conductas que hacemos constantemente y, aunque sepamos que no son las mejores para nuestros hijos, continuamos haciéndolas porque no nos queda otra…

Sin embargo, la culpa es un sentimiento que nos bloquea y paraliza, además de cronificar el malestar. Lejos de ser útil, la culpa sólo empeora las cosas. Es por ello que las madres tenemos que prestar mucha atención a este SENTIMIENTO DE CULPA Y EVITARLO A TODA COSTA.

 

 

¿Qué aporta la culpa causada por un suceso puntual del pasado?

Piensa en cómo te sientes cada vez que recuerdas ese día en el que te enfadaste con tu bebé porque no se dormía después de varias horas llorando. Una y otra vez, al recriminarte de nuevo “¡mi pobre bebé de cinco meses era tan sólo eso, un bebé pequeñito, no merecía que me enfadara con él!”, reaparece la culpa otra vez. Vuelves a enfadarte contigo misma y a sentirte mal de nuevo…

Hay mamás a quienes este tipo de situaciones pasadas, en las que consideran que gestionaron algo mal con sus hijos, les genera muchísimo dolor y lo sufren como si tuvieran una espinita clavada que ¡NO SE PUEDEN QUITAR!

Pero ahora quiero que reflexiones esto por un momento: recriminarte una y otra vez eso que hiciste en el pasado, ¿te ayuda a sentirte mejor? Al contrario. Cada vez que te sientes culpable por un suceso del pasado, MANTIENES VIVO TU DOLOR.

Este tipo de culpa te bloquea, no te deja avanzar, te ancla en el pasado y en estados de ánimo negativos. DEBEMOS EVITARLO A TODA COSTA.

 

¿Qué aporta la culpa causada por tus conductas habituales?

Cada día que te vas a la cama pensando que has dedicado tiempo de más al trabajo, a Netflix, o a las redes sociales, en lugar de haberlo destinado a jugar con tu hijo o a contarle un cuento, ¿cómo te sientes? Me temo que con un enorme sentimiento de culpa…

Sin embargo, ¿provoca esta culpa que al día siguiente hagas las cosas diferentes y le dediques por fin a tu hijo ese tiempo que merece? Si tu respuesta es negativa y la culpa reaparece día tras día, significa que ALGO NO VA BIEN.

Lo peor de este tipo de culpa es que uno es consciente de que el cambio está en sus manos y aún así, no consigue liderar el cambio deseado.

 

 

Acaba con el sentimiento de culpa practicando estos DOS EJERCICIOS

Te propongo estos dos ejercicios para terminar con la culpa que llevas tanto tiempo cargando sobre tus espaldas:

 

1. Practica el PERDÓN, la ACEPTACIÓN y el APRENDIZAJE

Lo primero que debes hacer para poder pasa página y eliminar la culpa de tu vida es perdonarte. Asume que nadie es perfecto y con lo que a la maternidad se refiere, hay muchas formas de hacer las cosas, y ninguna es mejor que otra. Todas las mamás y los papás hacemos lo mejor que podemos para el bienestar y la felicidad de nuestros hijos.

Acepta que no eres superwoman, que a todo no se puede llegar, que todos somos falibles y que, en muchas ocasiones, todo el mundo puede cometer fallos. Que no seas una madre perfecta no significa que no seas una gran madre.

Lo importante es que, de cada experiencia, saques un aprendizaje. En lugar de quejarte, autocriticarte y fustigarte con la culpabilidad, acepta tus errores y saca un aprendizaje para no volver a cometerlos. De este modo conseguirás pasar del bloqueo al crecimiento y la mejora personal.

 

Aplica este ejercicio cada vez que, por ejemplo, recuerdes el día que gritaste a tu hijo y aún te duela el alma por ello. Primero, perdónate. Recuerda que nadie es perfecto. Luego acepta lo que ya no puedes cambiar. Finalmente, analiza las causas que te llevaron a actuar de ese modo y saca el aprendizaje correspondiente para que el próximo día, puedas gestionar la situación con calma y sin gritar.

 

2. Diferencia la CULPA de la RESPONSABILIDAD

Suelta esa mochila que llevas tanto tiempo cargando, deja de ser esa madre culpable que no para de fustigarse y de sufrir. Repite conmigo: yo no tengo la culpa de lo que sucedió en el pasado, ni tampoco soy culpable de mis errores del día a día. Lo que sí soy, es responsable de mis actos”.

Date cuenta de la enorme diferencia entre CULPA y RESPONSABILIDAD. La primera tiene una connotación negativa de tristeza, frustración, impotencia, rabia, enfado o dolor. La segunda, se refiere a tu cometido como madre. La responsabilidad se refiere a tu compromiso como madre en el presente.

Si dejas de hablar de culpabilidad para hablar de responsabilidad, lo que conseguirás es liderar el cambio y pasar a la acción para mejorar la situación que deseas cambiar, así como para mejorar tu bienestar emocional.

 

Debes responsabilizarte de las rutinas que no te gustan, ya que no eres culpable de tus errores, pero sí responsable de ellos.  Por eso pregúntate, ¿qué puedo hacer diferente hoy para mejorar mi rol como madre?

 

Si cada día te vas a la cama con un enorme sentimiento de culpa porque no has dedicado el tiempo suficiente a tu hijo, pregúntate ¿qué alternativas tengo para poder pasar más tiempo con él? ¿puedo ganar ni que sean quince minutos de calidad al día para estar con él?

 

Gracias

Para terminar, quisiera agradecer a todas las mamás y papás que me habéis escrito explicándome vuestro caso. Vuestras experiencias y comentarios me permiten entender mejor cuáles son las necesidades y obstáculos reales, de mamás reales (valga la redundancia), sin lo cual no tendría sentido mi trabajo.

 

Como sabéis, yo apenas hace cinco meses que me he estrenado como madre y, en este corto espacio de tiempo, mis gemelas ya me han aportado grandísimos aprendizajes. En algunos momentos yo también me he sentido culpable por varios motivos, pero aplicando estos dos ejercicios que os propongo, he sido capaz de ver las cosas de otra forma para DEJAR DE SER UNA MADRE CULPABLE, PARA SER UNA GRAN MADRE.

 

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Anna Llebaria

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